El arte en las civilizaciones antiguas: India

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El arte en las civilizaciones antiguas: India

El arte indio abarca un período de unos 4500 años. Geográficamente se extiende por todo un palio subcontinente y culturalmente reúne varias civilizaciones y reinos que recibieron su influencia a través de sucesivas invasiones y vínculos comerciales.

Los ejemplos más antiguos del arte indio se remontan a la Edad de Bronce en la cuenca del indo, la cual alcanzó su máximo esplendor entre los años 2500 y 1500 a.C. Entre las ruinas de Mohenjo-Daro a orillas del Indo y Harappa en el Punjab, se encuentran las ruinas de los palacios, viviendas, graneros y comercios así como esculturas y bajorrelieves, en los que se observa que lo religioso era el motivo principal del arte de la Edad de Bronce. Se reconoce el sacrificio ritual del toro y los cultos a la fecundidad, temas que reaparecerán en el posterior arte hindú y budista.

La civilización del Indo desapareció en consecuencia de cambios geográficos que determinaron un curso diferente para el río Indo y por las invasiones arias provenientes del norte de Asia. Los pueblos arios se instalaron en las orillas del Ganges y del Yamuna y desarrollaron la religión védica.

Arte ario

Este arte se conoce más por los textos védicos que por las piezas que se conservan en la actualidad, en efecto, poco a sobrevivido de aquellos tiempos. Estos textos fueron escritos en sánscrito entre los años 1500 y 900 a.C. y el más antiguo y famoso es el Rigveda. Estas fuentes refieren a la existencia de un gremio de pintores que realizaba murales y tallas en casas y palacios así como miniaturas sobre hojas de palam, para lo que se empleaban pigmentos de vivos colores.

Los textos védicos reflejan las creencias filosóficas que sentaron las bases para el hinduismo. Pero durante el siglo VI a.C. el budismo y el jainismo ejercerían nueva influencia ya que pronto se difundirían por el territorio indio. Estas tres fuentes religiosas, conforman la inspiración para el arte de los siglos venideros.

Dinastía Maurya

El emperador Asoka nieto del fundador de la dinastía, contribuyó a la fundación del budismo. Para ello, construyó numerosos monumentos, entre ellos los llamados stupas (montículos o santuarios budistas) y encargó las columnas de piedra pulida (pilares de Asoka), en las que se esculpieron preceptos religiosos para colocarlos en aquellos lugares especialmente relacionados con la vida de Buda.

Los ejemplos más antiguos de la arquitectura india, pertenecen al reinado de Asoka y se trata de unas cámaras escavadas en la roca para refugio de los monjes intinerartes. Las más famosas son las de las Lomas Rishi en las colinas de Barabar. Estas cámaras inician una tradición de templos excavados en la roca que sería seguida no solo por budistas sino también por jainistas e hindues.

Dos escuelas escultóricas

La dinastía Maurya desapareció alrededor del 184 d.C. y en los cuatro siglos que siguieron, el florecimiento de las artes comerciales generó intercambios artísticos y culturales entre oriente y occidente. Durante el siglo I d.C. el comercio con Roma tuvo su momento de apogeo.

Al noroeste de la India, en Gandhara, se desarrolló una importante escuela escultórica en donde algunos artistas romanos se establecieron ejerciendo notable influencia en el tratamiento de los géneros y los cabellos en el arte de la escultura. El estilo de las esculturas se hizo cada vez más monumental: los budas de Gandhara a menudo vestían togas y tenían la prestancia de un dios griego o romano. Durante esta etapa, los stupas cambiaron de forma y crecieron hacia arriba formando una serie de elementos curvilíneos.

Pero a orillas del Yamauna, en Mathura, florecía una escuela puramente india, lejana a las influencias occidentales. El tamaño de las figuras también era monumental y predominaba la orientación frontal, pero se hallaban impregnadas de la voluptuosidad y la vitalidad interior.

Evolución de la escultura india

Bajo la dinastía Gupta, que fue el primer poder unificado sobre el norte y el centro de la Inda, florecieron las ciencias, las artes, la música y la arquitectura.

En la escultura Gupta se combino el tratamiento monumental y simplificado de las primitivas figuras de Gandhara con la fuerza interior de la escuela de Mathura. Los Budas de este período se caracterizan por una expresión de paz y tranquilidad. Este estilo alcanzó su mejor momento en el siglo V en Sarnita, en donde los escultores consiguieron un equilibrio ideal entre la sencillez de las formas y la riqueza de la ornamentación.

Muchos de los primeros ejemplos de pintura india datan de este período y se encuentra en el monasterio budista de Ayanta. Las pinturas del interior de las cuevas describen leyendas del budismo en forma de narraciones. Antes de pintar, los muros de piedra se cubrían con una capa de paja, arcilla y piedra molida, encima de la cual se daba una mano de cal blanca bien lisa. Una vez trazado el dibujo, la superficie se pintaba con colores rojos, ocres y verdes, los que luego se barnizaban.

También corresponde a este período la construcción de templos ya no excavados en la roca sino como edificios aislados. Esta tendencia continuo durante los siglos VI y XV. Luego, el budismo sufrió una progresiva decandencia, mientras que el hinduismo se transformó en la fuente principal de inspiración en el arte y la arquitectura.

Los templos hindues pueden clasificarse básicamente en dos tiepos:

Estilo Nagara: difundido en el norte de la India. En este estilo la sikahara (pináculo) tiene forma curva.

Estilo Dravida: difundido en el sur. La sikhara está dispuesta en una serie de terrazas cada una consagrada a una deidad diferente, con la cima rematada por una stupa en miniatura o una stupika (pináculo diminuto).

Los templos de Khajuraho fueron construidos durante la dinastía Chandella que alcanzó su apogeo entre el 950 y el 1050 d.C. Se conservan solamente unos 20 templos en la actualidad. Estos templos son un perfecto balance entre arquitectura y escultura que representan las más grandes piezas del arte indio. La vitalidad franca y sensual de la escultura erótica refleja la actitud hindú de considerar la unión sexual como un acto sagrado.

Período mongol

El Islam llegó al norte de la India en el siglo XII y una dinastía Persa, la de los mongoles, accedió al poder cuatro siglos después. Se inicia así el período mongol en el que recibe un gran impulso la pintura y la arquitectura del norte de la India. En efecto, los tres emperadores mongoles, Akbar (1556-1605), Jahanangir (1605-27) y Shah Jahan (1627-58) fueron grandes mecenas de las artes.

Akbar aceptaba en su corte tanto a los musulmanes como a los hindúes y le gustaba rodearse de arquitectos, poetas, filósofos y pintores. Los artistas, en su mayoría eran hindúes, y trabajaban bajo las órdenes de maestros persas. Akbar toleraba también el cristianismo y recibió en 1579 a misioneros jesuitas, ejerciendo también el arte cristiano alguna influencia marginal en la producción artística de la época.

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Durante el reinado Jahangir, el sucesor de Akbar, las miniaturas tuvieron su época dorada y alcanzaron un alto grado de realismo. Y su hijo Saha Jahan le asignó un notable impulso a la arquitectura cuya obra cumbre es uno de los más bellos y famosos edificios de la India, el Taj Mahal, un mausoleo de mármol blanco construído en honor a su esposa favorita Mumtaz Mahal que muriera al dar a luz a su cuarto hijo.

Aurangzeb, hijo de Sahah Jahan, era intolerante con los cultos diferentes al Islam así como también con las prácticas artísticas en general. Encarceló a su padre en la fortaleza de Agra, se enemistó con los aliados locales y deterioró las relaciones con Persia. De esta forma, inició la decadencia del imperio Mongol hasta que en el año 1739 el tirano persa Nadir Shah saqueó Delhi. Por esa época el estilo mongol se había vuelto algo sentimental. En efecto, predominaban como temáticas las escenas de claros de luna, príncipes y damas reclinados en los lechos escuchando música. Simultáneamente, en el sur, escuelas musulmanas florecían en la pintura.

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Aparecieron otros centros artísticos en el Rajasthán así como en las colinas del Punjab, impulsados por mecenas y gobernantes locales. Los temas favoritos eran los dioses Krishna y Visnú. A Krishna se le representaba a menudo en compañía de su favorita, Radha, la mujer-vaca, con la piel del cuerpo en tonos azulados, y coronado con plumas de pavo real y guirnaldas de flores.

En el Rajasthán floreció también la arquitectura con la construcción de fuertes, palacios y ciudades. De estas últimas, la de Jaipur fue completamente remodelada a principios del siglo XVIII por el soberano Jai Singh, famoso por los observatorios de piedra que hizo construir en Jaipur y Delhi.

La última muestra floreciente del arte pictórico puramente hindú fue la escuela pahari que se desarrolló en los estados montañosos del Punjab, cerca del Himalaya, desde el siglo XVI y hasta el siglo XIX. A partir de los últimos años del siglo XVIII, la influencia de Europa en la India se hizo tan creciente que el mecenazgo artístico de los gobernantes empezó a declinar. Los funcionarios de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, encargaron a los artistas indios pinturas sobre nuevos temas, desde la historia natural y el comercio hasta la ejecución de retratos. Es la llamada pintura de la compañía.