Los paisajistas ingleses

El paisajismo: de Canaletto a Turner.

Paisajismo Inglés

Aparece en Inglaterra entre los años 1770 y 1840 un nuevo concepto en la historia del arte, el concepto de lo "pintoresco". Surge así un nuevo estilo que, fundamentalmente a partir de la acurela se transformará en marca nacional inglesa. Se sucederán pues una serie de artistas que, inspirados a partir de la estancia londinense de Canaletto, alcanzarán un altísimo nivel. La producción de Turner, finalmente, podrá interpretarse como la el cierre triunfal del período.

El romanticismo de lo pintoresco

Los artistas ingleses adscribieron exitosamente a la estética pre-romántica y romántica buscando lugares disparadores de emoción, recuerdo y sensación en donde la naturaleza es fuente de misterio. En efecto, este fue el espíritu de la noción de "pintoresco" que, cuando más tarde se convirtiera casi en un sinónimo del término "postal", el término sería banalizado y hasta desvalorizada.

Canaletto (1697-1768)

La ténica que utilizaba Canaletto se basaba en un instrumento división del paisaje que se anticipaba a la cámara oscura fotográfica. A través de este recurso, y la seguridad de su mano, Canaletto se encuentra con una estupenda luminosidad de influencia decisiva en el arte europeo.

Cuando en 1776, Canaletto se traslada a Londres, permaneció largo años alternando vistas de Venecia, con amplias escenografías Londinenses y residencias de campo británicas.

John Constable (1776-1837)

A diferencia de otros colegas que emprendían viajes por diferentes naciones en busca de inspiración, Constable solía concentrarse en zona natal: los pasajes de Suffolk.

Su deseo era el de ofrecer una imagen límpida y precisa de la realidad natural, pero su afecto por los escenarios agrestes se filtrará inevitablmente en su producción en la que el sol a menudo está presente y las figuras humanas son escasas y serenas.

Joseph Mallord William Turner (1775-1851)

Ejecutor de un punto de inflexión en la pintura de paisajes, Turner fue formado desde muy jóven en la Royal Academy. Cuando en 1803 quedó impactado por las cumbre nevadas en Suiza, Turner exprimentó el sentimiento romántico de lo sublime, e inició una búsqueda pictórica de efectos atomosféricos y maravillas de la naturaleza. Alejándose de la precisión analítica de Constable y Canaletto, buscó comunicar sentimientos y emociones.

Turner, apreciado por los coleccionistas, nunca renegó del pasado, pero buscó situaciones nuevas y valoró las posibilidades que le ofrecían los desarrollos tecnológicos: en la fase final de su carrera, buscando efectos de vapor y humedad, el artista pinta por primera vez en la historia un tren en marcha.

Atraído por la fuerza primordial de los elementos, Turner contempla con una combinación de entusiaso y angustia la fuerza contundente de la naturaleza. Y en este sentido, puede apreciarse que en ocasiones, su producción traspasaba sutilmente los límites de lo figurativo para rozar los caminos de la abstracción.