Arte Bizantino

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Arte Bizantino

En el año 330 d.C. el emperador romano Constantino fundó una nueva ciudad sobre una antigua población griega: Bizancio. Así, Constantinopla (la actual Estambul) se convirtió en la ciudad más importante de la Edad Media. Y el arte bizantino fue representativo del imperio, recogiendo el legado de la antigüedad clásica.

La conversión de Constatino al cristianismo y la imposición de esta religión como la religión del imperio trajo como consecuencia la edificación de numerosos templos cristianos para los cuales, la basílica fue el modelo predominante (del siglo IV al VII), aunque no el único. La basílica fue concebida originalmente para fines cívicos, por lo cual, debió ser adaptada a las necesidades del culto religioso. Básicamente, el diseño suponía un espacio amplio bien iluminado, con una nave central y dos o más naves laterales. Completaba el edificio un ábside semicircular en el extremo oriental. Los arquitectos bizantinos utilizaron además de la planta rectangular de la basílica, otra central, adaptando a las iglesias cretinas el trazado circular, poligonal o cuadrado de la arquitectura romana pagana. Estos edificios se construían de materiales muy diferentes: ladrillo o piedra, con techumbres de madera o cúpulas de mampostería.

La Santa Sofía

La más famosas de todas las iglesias bizantinas del primer período sea Hagia Sophía (La divina Sabiduría), en Constantinopla, llamada por los bizantinos, Iglesia Mayor. Este edificio fue construido sobre uno anterior que se hubo incendiado durante una revuelta. Fue reinaugurada en el 537 por el emperador Justiniano, quien supervisara personalmente las obras. En ella se combina una planta central, coronada por una enorme cúpula sobre una espaciosa nave central cuadrada y sostenida por dos semicúpulas hacia el este y el oeste, con algunos elementos de la planta basilical. El cuadrado central hacia las veces de nave principal, con naves laterales y galerías en los lados norte y sur. Durante casi toda la historia del imperio, el obispo de Constantinopla celebraba los oficios religiosos a los que asistía el emperador. Este templo, sería transformado en Mezquita tras la caida de Constantinopla en poder de los turcos otomanos y finalmente Mustafá Kemal (Atatürk) haría de ella el museo que es en la actualidad.

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A partir del reinado de Constantino, diversos artistas pintaron motivos religiosos tanto en los muros de las Iglesias como en iconos y manuscritos. En esas pinturas reproducían escenas de la vida de Cristo, e imágenes de los santos. Durante la iconoclastia (727-843) época de crisis militar para el imperio, se prohibió la representación de escenas y personajes religiosos. Pero a partir del silgo IX, el arte religioso floreció y se desarrolló en diferentes estilos. Las raíces de este resurgimiento se hallaban en las tradiciones de un período aún más anterior, esto es un retorno al primer estilo bizantino de formas sólidas y macizas. Algunas de las principales obras de arte de este período fueron los manuscritos iluminados ejecutados por encargo de los dignatarios del imperio o de la corte. Probablemente el más hermoso sea el llamado salterio de París, en donde predominan ilustraciones que personifican ideas abstractas, lo cual parece reflejar los gustos clásicos del emperador Constatinto VII Porfirogeneta.

Desde los finales del siglo X hasta el final de la época de Comnenos (159-1185) se adoptó un estilo más refinado y elegante, en donde las figuras más altas y delgadas mostraban vestiduras de diseño lineal cuidadosamente distribuídas. Hacia el final del silgo XII esta estilización cayó en excesos que se manifestaron en orlas flotantes e increíbles pliegues en los ropajes. Existen muestras de tal estilo en Nerexi, Lagoudera y San Neófito.

Durante el período bizantino medio se creó y difundió un sistema uniforme para la decoración de las iglesias, que hasta ese momento se adornaban con mármol o de colores y guarniciones de oro y plata así como con lujosos tapices y una serie de pinturas al fresco o en mosaico. En adelante los motivos ornamentales serían objetos de estrictas regulaciones.

Los elementos más destacables del sistema eran la virgen María, representada en el ábside principales, entre los padres de la Iglesia y un Cristo en la cúpula central, con los profetas y los evangelistas debajo. El resto de la iglesia, estaba cubierto por una serie de escenas tomadas del Nuevo Testamento, en las que se representaban las principales festividades litúrgicas, junto con los santos locales o más importantes.

Durante el dominio de Constantinopla por los emperadores occidentales (1204-61) es difícil establecer una clara evolución de lo que fue el arte bizantino. En efecto, las tareas artísticas continuaron tanto en la capital como en las regiones alejadas del imperio. Los países vecinos reflejaron así la influencias artísticas de Bizancio, por ejemplo, en el reino de Servia, se produjeron obras de alta calidad. La iglesia de Sopocani, es un exponente del nuevo estilo que prevalecía la representación de los volúmenes. Las figuras son todavía estilizadas y elegantes, pero llevan pesadas vestiduras sobre un fondo arquitectónico. La arquitectura pasó a convertirse en un importante complemento pictórico, expresamente mediante un sistema de perspectiva grandiosas pero incorrectas según los cánones actuales.

La tónica dominante durante el último período del arte bizantino (1261-1453) efectivamente, se caracterizó por el predominio del volumen. Tal vez la iglesia de Cora, en la actual Estambul, conocida como Kariye Camii sea el principal exponente. La bóveda y capilla princpal cubiertas de mosaicos, representan escenas de la vida de Jesús y María.

Comunidades ortodoxas, herederas del estilo bizantino

La historia del arte bizantino no acaba en el 1453 con la caída de Constantinopla en poder de los Otomanos. Las herederas de esta tradición, las comunidades cristianas ortodoxas sobrevivieron tanto fuera como dentro de las fronteras del imperio turco. Así es como Servia, Bulgaria, Rumania y Rusia continuaron la tradición bizantina. Los íconos rusos de Teófano el Griego y su discípulo Andrei Rublev, fueron de notable calidad, convirtiéndose en un modelo para las posteriores generaciones.

La Iglesia de San Basilio, construída entre 1555 y 1560 por el zar Ivan IV (Iván el Terrible) para conmemorar la conquista de los kanatos de Kazán y Astrakán, se eleva en la Plaza Roja de Moscú. El edificio cuenta con una enorme torre centra octogonal rodeada por una serie de ocho pequeñas capillas, cada una de las cuales está coronada por una enorme cúpula bulbiforme. El exterior, notablemente vistoso se halla cubierto por una suntuosa mampostería.